La brisa de la noche acariciaba su corazón distante, ya casi no le quedaban fuerzas para continuar.
El sublime recuerdo de su ausencia le hacía recordar que estaba más sola que al principio.
Una lágrima atravesaba el océano de su mejilla de vez en cuando, ella se apoyaba en el ventanal para ver la gente pasar.
Tenia miedo.
En su mente lo revive, lo siente suyo, lo ve a su lado. Una vez más ha apartado la soledad de su camino. ¿Por cuánto tiempo?
Necesita su abrazo, necesita su sonrisa. Lo sabía tan bien que se convertía en una agonía.
Salía de vez en cuando para olvidarse de sí misma y perderse en el laberinto urbano.
En cada esquina veía su rostro, en cada densa calle le veía correr.
Buscaba en el infinito cada una de las letras de su nombre y añoraba perderse entre ellas, en cada una.
Él alguna vez la quiso
Alguna vez dijo palabras verdaderas
Supo llegar a ella
Luego la abandonó.
Se aferraba al pasado y se perdía en la incertidumbre del futuro.
Era como una niña pequeña que pierde su camino.
Lo necesitaba y lo pensaba, pero era consiente de su realidad.
Ella sigue llamando su nombre y lo ve reflejado en cada segundo del día
Una vez, otra vez y una más, con cada una de sus agitadas respiraciones, lo siente resbalar en el vacío de la ausencia.
Una vez, otra vez y una más, ella muere en vida.
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