Mi nombre es Naomi rouge. Actualmente vivo en Kioto - Japón.
Mi historia no es una fácil de contar. Mi vida es prácticamente un rompecabezas al que aún le faltan algunas piezas, sin embargo, yo aún las sigo buscando.
Nací el 4 de marzo de 1989 en París - Francia.
Mi madre me abandonó a los 14 años de edad, decía que ya era lo suficientemente independiente como para cuidarme sola. Desde entonces nunca volví a saber nada de ella y la verdad no me interesa saber nada. Desde ese entonces me prometí no depender de nadie, no aferrarme a nadie, no vale la pena.
Decidí dejar París cuando quise estudiar música, mi sueño era ser una gran cantante, ser conocida mundialmente y crear una fundación que ayude a niños que no tienen padres.
Pero, desafortunadamente le vida no quiso que yo cumpliera mi sueño. ¿Qué más da?
Aquí en Japón mi vida cambio radicalmente. Confieso que fue aquí donde me enamore por primera vez.
Una cálida tarde de otoño, decidí salir a caminar un rato por el parque central, pues realmente estaba muy aburrida. Me agradaba el color de las hojas de los árboles en aquella época del año, amaba el canto de los pájaros y la cálida brisa que acariciaba mi cabello. De un momento a otro, noté que algo o alguien venía hacia mí. La verdad no estaba muy segura, pero cada vez se acercaba más; cuando estuvo a corta distancia noté que era un joven que tenía problemas con su bicicleta.
-¡Dios, me va a atropellar! Pensé.
Traté de alejarme lo más rápido que pude del camino, pero terminé en el suelo.
Cuando pude recuperar la conciencia de lo que había pasado, me encontraba en el suelo y encima mío estaba el muchacho que venía en la cicla. La verdad es que me quedé sin aliento. Aquel chico misterioso era realmente bello, sus ojos eran de un negro intenso, su cabello era liso perfecto y algo largo, pero lo que más me impactó fue su cálida sonrisa.
-¿Está bien? Lo siento, perdí el control de la bici... no era mi intención atropellarla.
-No se preocupe.
De pronto sus mejillas se tornaron rojas y rápidamente se levantó, quitó su bicicleta y me extendió su mano para ayudarme a levantar.
-¿Es extranjera, verdad?
-¿Realmente se nota mucho?
-Bueno, no parece una Japonesa.
-Lo se.
-Lo siento, soy muy descortés, no me he presentado. Mi nombre es Nicolás y tampoco soy de aquí. Soy de Italia (:
-Mucho gusto Nicolás, mi nombre es Naomi y soy de Francia.
-¿Le gustaría ir a tomar un café?
-Con gusto.
¿Sabes? Jamás olvidaré esa tarde.
Fuimos a un café cercano al parque y pasamos horas hablando acerca de nosotros mismos. Tú dulce voz aún esta presente en mi cabeza. Si pudiera volver al pasado, volvería a aquella tarde en la que te conocí, y la haría eterna.
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