viernes, 21 de junio de 2013

Sin título.

"Es posible que un día llegues a aprender lo cerca que está el placer del sufrimiento" Rosa Montero.


Él la amaba.
Con cada latido de su corazón la sentía suya, sentía su dulce respirar, le quitaba el aliento con cada palabra que ella pronunciaba. El solo hecho de tenerla cerca le alegraba la vida, cada cosa que ella hacía era sagrada para él.
Nada era más dulce que el sonido de su voz, nada podía compararse con la belleza de sus ojos que al sol eran de color naranja, no había cosa en el mundo que pudiera superar el hecho de tenerla entre sus brazos y acariciarla dulcemente, poner el mundo a sus pies, adorar cada centímetro de su cuerpo, admirar cada rincón de su alma.
Incluso el más grande defecto resultaba insignificante ante tal perfección, él era completamente feliz a su lado, no podía imaginar su vida sin esa mujer, sin esas sonrisas que lo volvían loco, sin esos besos que lo hacían volar a realidades a las que muy pocos consiguen llegar, sin sus abrazos, sin sus caricias, sin sus dibujos, sin sus palabras, sin su magia, sin su esencia, no, no podía vivir sin ella.
Ella era todo lo que él siempre había deseado.
Él sentía que no necesitaba nada más.






El amor era grande pero el destino era chico y el camino lleno de obstáculos.




Ella ya no está a su lado.










¿Alguna vez alguien has sentido un amor así?
Me pregunto si es posible amar de esa manera, sentir que se te llena el alma con tan solo una mirada, y no puedes estar más feliz de lo que ya lo estás a su lado. Pensar en amarle cada día por lo que es, por lo que nadie más ve, solo tú conoces la verdad, solo tú puedes ver un alma tan maravillosa, solo deseas cuidarle, protegerle. Cuéntame, ¿Te han llevado a  tocar el cielo con las manos con tan solo una caricia? ¿Se te ha arrugado el alma con tan solo pensar en que se va?


¿Te han roto el corazón en mil pedazos?






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