Abro los ojos y descubro que todo fue un sueño. Menos mal, no puedo seguir con lo mismo, todos los días el mismo sueño repetitivo en el que tomo el tren de camino al trabajo y veo sus ojos grises que me queman y que desaparecen en medio de la multitud. No sé de donde lo he sacado, no conozco a nadie que tenga ojos grises, nadie nunca me ha mirado con tanta pasión, sé que sólo es un sueño pero, diablos, se siente tan real.
Miro el despertador, las 08:30 am, ya es tarde. Salgo de la cama y dando pequeños saltos al rededor consigo llegar al baño, tomo una ducha rápida y corro al armario, no sé qué ponerme, nunca sé qué ponerme, sin embargo siento unas ganas repentinas de estrenar el vestido negro que compré el mes pasado, aunque no sea un día especial... no importa, lo usaré. Desayuno lo de siempre y salgo apurada a coger el tren, durante el trayecto me choco con algunas personas pero no tengo tiempo de parar y ofrecer disculpas. Llego a la estación y hay una fila enorme de pasajeros esperando abordar delante de mi, me desespero. Saco el libro que siempre llevo en mi cartera y trato de leer algunos párrafos mientras espero a que el tren llegue y la gente avance. Entro y escucho la voz monótona de la computadora anunciando por el altavoz que las puertas serán cerradas. 09:10 am, aún falta media hora para mi ingreso al trabajo, tengo tiempo, me relajo. Comienzo a pensar en las cosas que pueden llegar a pasar hoy, otro día más de mi existencia, otra hoja en este libro llamado "rutina". Sé que cuando llegue estará Kristen esperándome con el café y con los borradores del día, también estarán Jhon y Conrad comentando el fracaso de los equipos deportivos en la temporada y el ajetreo constante de la oficina con los teléfonos que nunca paran de sonar y el "tac tac tac" de los teclados de las computadoras. Nada nuevo, así hasta el almuerzo en donde como con Jane en el restaurante de la esquina y luego de vuelta a la oficina. Pienso en eso y no puedo evitar sentirme algo avergonzada por mi atuendo de hoy, este vestido negro no es muy adecuado para el trabajo, ¿por qué decidí usarlo?. El tren se detiene en la primera estación, gente que sube y baja, es sólo un río de personas preocupadas por llegar a sus destinos. Consigo un puesto vacío y me siento. Cierro los ojos para tratar de pensar en algo diferente a mi realidad, tal vez ese cuento que me contaba mamá las noches que no podía dormir, tal vez el recuerdo de la primera vez que fui a columpiarme a ese parque cercano a la casa de mis abuelos, o quizá esa película en donde la niñera tenía poderes mágicos y todos los personajes bailaban y cantaban a lo largo del film. Pienso en eso, pero siento que alguien me mira. Abro los ojos y miro a mi alrededor pero no noto nada extraño. Vuelvo a cerrar los ojos pero luego de un tiempo vuelvo a sentir esa misma sensación, esa calidez que sólo la transmite la mirada de unos ojos ardientes que se encuentra clavada en tu ser. Abro los ojos con desesperación y algo de ansiedad y de repente lo veo, bueno en realidad veo sus ojos. Aquellos ojos grises que me miran en sueños. No, no puede ser verdad. Cierro los ojos y los vuelvo abrir en un acto exasperado por borrar de la realidad lo que se cree imaginario, pero no lo es, aquellos ojos grises siguen allí, me miran. Son reales, existen, y no sé qué hacer. El sueño se volvió realidad y la soñadora se volvió loca de confusión. Sus ojos me miran con intensidad y no consigo desviar la mirada ni por un segundo por temor a que desaparezca. El tren se detiene de nuevo, me levanto y comienzo a caminar hacia esos ojos que me hechizan, sin apartar la mirada, pero de nuevo interviene la multitud de personas que esperan salir, que me llevan con ellas, y mientras trato de luchar contra la corriente los pierdo, o más bien se pierden. Los ojos grises se pierden entre la multitud de ojos que me miran sin mirarme y no los puedo encontrar. Miro una infinidad de personas pasar frente a mi con el afán del día dibujada en sus facciones, pero en ninguno de aquellos rostros encuentro los ojos grises. Entonces las piernas me tiemblan y caigo al suelo. Abro los ojos y descubro que todo fue un sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario