sábado, 27 de diciembre de 2014

Y luego, la nada.

Y luego está ella. No, el fantasma de ella. Se aferra a mí, a mi garganta, no me deja gritar. No me deja soñar. No me deja vivir. Pero yo no la conozco. Eres tú el que la trae. Y ella se mueve sigilosa entre mis entrañas. Y me quita la esperanza, y me desplaza. Y yo cierro los ojos, pero aún así la veo. No puedo escapar porque me envuelve su recuerdo, un recuerdo que no es mío pero que está ahí. Esperando, en las sombras, en las palabras y en los gestos. En las raíces de esto que no nace porque ahí está ella, su espectro. Y tú no estás, y yo estoy sola.

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