domingo, 6 de enero de 2013

Amar, sólo es eso.

A veces me pregunto cuál es el secreto de sus ojos.
Aún los miro y, aunque parezca increíble, hay algo que despierta en mi interior cada vez que lo hago. Una sensación entre felicidad y delirio se apodera de mi y entonces me pierdo y lo único que habita en mi mente a partir de ese instante es usted.
No sé cómo lo hace, no sé por qué es algo que sólo me pasa cuando estoy cerca de usted.
Es entonces cuando siento la necesidad del calor de sus labios, y el simple roce de su piel con la mía me hace temblar.
Me acomodo despacio sobre su pecho y siento los latidos de su corazón. Es una bella melodía, y me gusta imaginar que cada latido es por mi, que no necesita nadie más.
Y entonces me vuelvo frágil en sus brazos y deseo que ese momento sea eterno, que su calor no disminuya y que sus caricias no cesen.
Deseo que comprenda todo lo que sucede en mi interior, todo el desorden de mi cabeza a causa de su nombre, las ganas de saberlo mío y el temor profundo a perderle.


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