martes, 19 de febrero de 2013

Esta no es una historia de amor.

Erase una vez un pirata enamorado de una sirena.
Se conocieron en uno de los tantos viajes del pirata y cuan cuento de hadas se enamoraron perdidamente.
El pirata estaba condenado a vagar a lo largo de su existencia por todos los mares conocidos y hasta los desconocidos por el hombre, pero no se preocupen, era algo que disfrutaba profundamente. No concebía su vida lejos del agua y su barco era aquello a lo que llamaba hogar.
La sirena, tan bella como siempre las describen en todos lados, de espíritu libre y alma rebelde, con la inocencia de una niña pero el deseo de una afrodita, vanidad y calma.
Su amor surgió del océano, y desde la primera vez prometieron amarse hasta el fin de sus días, pero que equivocados estaban.
El tiempo pasó y a pesar de que el sentimiento crecía, las adversidades cada vez fueron mayores. Por un lado, el pirata se negaba a dejar su barco ya que era lo único que tenía en el mundo y era el lugar en el cuál se sentía en paz, a salvo de todos sus demonios, no podía simplemente dejarlo y seguir a su amada a las profundidades del mar. Por su parte la sirena se sentía cautiva siguiéndolo a todos lados sin poder llevar ella el curso de sus viajes, añoraba la libertad de recorrer todo el fondo del mar cuando quisiera, estaba deseosa de dirigir su vida.
Se amaban, jamás en la historia de la humanidad existió un amor así, pero simplemente no podían estar juntos.
Y a pesar de tanto amor nunca pudieron aceptar las necesidades del otro, así fue como todo llegó a su final.

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