lunes, 15 de abril de 2013

Frustraciones.

"Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí, brindemos que hoy es siempre todavía, que nunca me gustaron las despedidas"  Ismael Serrano.




En términos generales puedo afirmar que soy buena escritora, pero realmente pésima para dar conclusión a mis escritos. No sé a que se deba éste fenómeno.
Según mi manía de analizarlo todo desde el ámbito psicológico creería que esta curiosa situación se debe en parte a que odio los finales y siento gran hastío por la palabra -adiós-.
No creo en las despedidas, pero tampoco creo en la eternidad.
Todo tiene un principio, un desarrollo y un final. Las grandes historias suelen estar acompañadas de grandes finales. ¿No es así?
Desde pequeña me han vendido la idea barata de que los finales felices son para los libros e historias de fantasía, la vida es dura y esos cuentos de hadas están fuera de alcance. Pero lo único que se debe hacer es cambiar esa perspectiva. La vida es lo que cada uno quiere que sea, y es mejor saber que los finales trágicos  son para los cuentos y los finales felices para la vida real.
Pues bueno, llegó la hora de aprender a concluir. Pero que sean finales que valga la pena vivir.

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