viernes, 13 de diciembre de 2013

Algo sobre mí y la gente.

No soy de las mujeres que se pasa la vida esperando a que le respondan un mensaje, no soy de las que va detrás de la gente, sea cual sea la razón. Tampoco me importa demasiado las habladurías de los demás y no me atrevo a ser amiga de esas personas que no son capaces de ver más allá de sus narices o de aquellas que pareciera que vivieran en una bola de cristal. Me aterran las personas que siempre tienen que tener un paraguas al lado por miedo a mojarse o que no son capaz de ir sin compañía a lugares como el cine o un parque. Los groseros me abruman, los morbosos me dan asco. Los especistas incitan mi instinto asesino.

Prefiero la gente que está loca, a la que no le da pena nada, la que es capaz de caminar bajo la lluvia por horas sin temor a enfermarse, porque no hay sensación más bella que aquella de empaparse el alma con agua celestial. La que cuando ama lo hace con todo el corazón y lo entrega todo. Aquellas personas que luchan incansablemente por alcanzar lo que quieren y que no se dejan amedrentar ante la adversidad. Los que gastan sus horas viajando a través de las palabras de un libro y los cuales disfrutan hasta la última nota de una canción. Aquellos que besan con labios sinceros y que cuando abrazan ofrecen una protección mayor que la de cualquier fuerte militar.
Quién se atreve a soñar despierto recibe todo mi respeto, al igual que el que tolera y no juzga. Admiro a las personas fuertes y a las que transmiten conocimientos y apoyo a los demás, al igual que a aquellos que son capaces de convertir sus emociones en libro, canción, danza, pintura, artefacto, acción.

Éste mundo le pertenece a los locos creativos que no tienen miedo de vivir.



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