viernes, 30 de mayo de 2014

A mí.

Tengo que escribir, tengo que hacerlo, no puedo aguantar esto, leer esas palabras y reprimir las ganas de escribir, eso no va conmigo. Leer eso y sentir que me estoy leyendo a mí misma, sentir que soy yo la que escribe, la que lo escribió, pero no, no soy yo, no y no, ni siquiera sé qué escribir, sólo sé que estoy triste. Triste, muy triste, sólo triste. Recuerdo, recuerdo y recuerdo, quiero que los pensamientos se vayan de mi mente, quiero que mis ojos dejen de ver esos momentos, quiero olvidar, daría mi vida entera por olvidar, simplemente olvidar. Olvidar y tragarme a mí misma, lanzarme al vacío, sentir el viento en mi cara, el sutil vuelo de mi cuerpo precipitándose al vacío, el lento transcurrir de la sangre a través de mis venas buscando escapar por la herida, rojo, color rojo, rojo sangre, rojo vida y rojo muerte, simplemente rojo, me gusta el rojo. Olvidar, sí, eso, si tan solo… no puedo pensar, no soy yo la que escribe, es decir, me miro escribir, mis dedos se deslizan como bailarinas a través del teclado pero yo no soy yo, no quiero ser yo, no quiero sentir. Huir, escapar, volar lejos, correr, no mirar atrás, cambiar de identidad, no volver, saltar del tren en movimiento y sentir el golpe de la caída como se siente el ave cuando abres su jaula y le dices que es libre, pero no se mueve, no vuela, porque le teme a la libertad tan anhelada. Tan contradictorio todo, tan desconcertante la vida, tan grande tu ausencia, tan hondo mi vacío, tan poca la sangre que emanan mis heridas, tan poco te importa a vos.

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