Alejandro:
Ahora que no estás la vida es más sencilla. Tardé un poco en darme cuenta de que llenabas mis días de oscuridad, y ahora que te fuiste nunca falta el sol en mi ventana. No te voy a mentir, al principio fue duro. Pero no sé por qué, nunca fue claro para mí lo que sentía (así, en pasado) por ti, ni lo que quería contigo. Como siempre te dije, fue algo un poco conflictivo, un poco enredado. Creo que nos construimos a base de mentiras, por eso la verdad fue impecable y nos cortó con su filo justo en el momento en el que íbamos a ser. No sé si me entiendas. Lo más lindo de todo es que no me leerás, escribo para mí y sólo para mí. Es mi forma de sentirme libre, necesito poner en palabras eso que no logro expresar con acciones.
De alguna manera siento que tu partida cerró un capítulo en mi vida. Me siento nueva, morí en llamas y renací de las cenizas, hasta tengo un nuevo corte de cabello y un nuevo sombrero. Tal vez ni siquiera reconozcas mi sonrisa si nos cruzamos por la calle alguna vez. Pero si eso pasa no verás en mis ojos tristeza, sino ternura.
No te guardo rencor, ¿debería hacerlo?
Tuya (nunca),
Lola.
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