sábado, 12 de diciembre de 2015

Carta al viento III

Bogotá, 04 de diciembre de 2015


Querido tú:


Siempre he sentido que llamar a las personas por su nombre es una forma de apropiármelas, por eso no escribo el tuyo.
No sé por qué pienso en ti pero me pregunto muchas cosas cuando lo hago, aunque sé que es inútil tratar de encontrar las respuestas. Siento que esas horas que pasé contigo fueron un baño de agua fría para mi alma. Lo que quiero decir es que fue algo que me despertó y me dejó aturdida, justo en ese punto en el que te decía que no te iba a escribir al llegar a casa sin saber que esa sería nuestra última primera vez. Pero ya ves, de nada sirven los recuerdos... sólo existen para extrañar o anhelar imposibles. Sé muy bien que mi paso por tu vida se reduce a aquella tarde, que es donde debo permanecer en lugar de tratar de saltar al presente, porque adivina qué: no hay uno. No sé por qué escribo estas cosas tan inoportunas, ya sabes lo que digo acerca de las palabras: son sólo eso. Al igual que yo, sólo soy un fantasma que vive de ilusiones. Soy sólo esto que ves, no tengo nada que ofrecer. 
No importa, sé muy bien cuando estoy en un sitio donde no puedo quedarme. No te preocupes, ya tengo listas las maletas. Te deseo lo mejor.



Lola.

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