La puerta abierta, el suspiro que se escapa, las miradas. Las mismas caras, las mismas voces. El mismo día que se repite una y otra vez, la sonrisa fingida, los abrazos vacíos, las despedidas. Aquí, allá, en cualquier lado o en ninguna parte. Todo me es igual.
No lo escribo yo. Escribe ella que toma el control de mis manos y en cada palabra transmite emociones. Yo sólo me dejo llevar porque creo que es maravillosa, porque está atrapada y no puede gritar. No puede llorar. No se puede quejar. Tan sólo está ahí, esperando mi regreso. Ella no soy yo, yo no soy ella.
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